Cosas Buenas

Tenemos muchas cosas qué decir

De los días que se cuentan por muchos… agosto 6, 2008

Archivado en: Lugar,Manifiesto del cuerpo itinerante,Vida — cosasbuenas @ 3:20 am
 

 

[No hay quinto malo]

 

Me gusta pensar en ciclos. Que se abren y se cierran sin una lógica única. Que siempre sorprenden por abruptos, violentos, nostálgicos, necesarios. Diría que hoy se cierra uno, y ¿porqué no?, abramos otro. El eterno ciclo de fines y comienzos.

Hace cinco meses me alejé más de siete mil kilómetros de mi origen. Pero si el origen inicia detrás de un ombligo, o un vientre, entonces es posible transplantarse con un poco de tierra fértil, claro, con color de Latinomérica.

 

Cultivar esta exótica flor mexicana en tierras andinas no ha sido sencillo, y sin embargo, allí están las hojas verdes, por donde se mire. Cuando una persona admite tener una vida y una cafetería favorita en un lugar, ¿será porque fue capaz de entender, o de escuchar al menos, al país extranjero?

 

Cima  / Muy muy lejos IFG

Cima / Muy muy lejos IFG

Hoy hay más dudas que respuestas. Leo, escucho, pruebo. Nuestra humanidad se me antoja a veces descomunal, otras veces cíclica. El estado de visitante ya se siente con cierta familiaridad, pues incluso los nacionales a veces se convierten en extraños dentro de su tierra cuando llega el momento de descubrimiento.

 

El primer ciclo de estudio dejó en claro que hay abismos en la educación que sólo se libran con la vida, dejó amistades tan entrañables como interesantes y sonrientes, dejó una dosis de desvelos y buenas, y no tan buenas, discusiones. Dejó notas altas que no importan mucho pero nutren las estadísticas de alguien. Las notas bajas tampoco son relevantes para seguir sosteniendo que aprender es actitud. Siempre actitud.

 

Hubo un respiro, de ésos que sirven para ir más rápido. Llegué a la nieve, a un volcán al sur, muy al sur de América. Lonquimay, una montaña de azúcar helada. La sensación hechiza: poco a poco la carretera se va volviendo verde, ocre, olivo, aceituna, ámbar, la gama otoñal completa. El aire habla cada vez más fuerte, luego grita. Los caminos ya no distraen, el blanco lo cubre y lo calla todo.

 

Es un volcán virgen aún, como lo poco intocable que queda en este país. Nos permitimos subirlo sólo por un momento. El umbral de dolor, de frío, de eléctricos calambres nos recuerda que somos humanos, y sólo los Dioses pueden habitar la nieve. Pisarla, hundirse y acostarse en ella, perderse en sus siluetas, masticarla, tocarla con la ingenua piel de un país más cálido, es un juego divertido. Hay mitos, hay leyendas y dan ganas de esperar la noche y ver qué criaturas oníricas habitan esos glaciares.

 

El terreno mapuche está cerca. Debajo de toda la politiquería debe estar algo genuino, ese lugar amerita algo genuino y puro.

Al fondo, fijándose bien y con un día despejado, se ve un volcán rojo: Chile tiene más de 40 potencialmente explosivos. La naturaleza es sabia, nosotros no.

 

Paradisiaco  |  Andes, IF

Paradisiaco | Andes, IF

 

 

Llegué también a Mendoza, y a Buenos Aires. Lo inolvidable de Argentina empieza en su límite con Chile: llegar por tierra y cruzar, literalmente, la cordillera. Y esperar en el paso del Inca y Los Libertadores, a que la nieve nos deje pasar. Una, cinco horas, tres días. Todo depende de la lluvia y las tormentas.

Se puede conocer allí, en ese punto alto, blanco y gélido, que el frío se siente de muchas formas, que somos diminutos y que la aduana de un país castigado por la milicia no se permite pasar con facilidad ni una sonrisa ni un poco de merquén, aceitunas o nueces.

Y Buenos Aires, querido, sí. Inquieto, seductor, aspiracional, estético, demandante, vorágine de muchas cabezas. País tentador con amplios menús de cultura y carne y empanadas para acompañar. Ansioso de comercio, de salir, como todos nosotros, lo menos dañado de la guerra de precios.

 

 

 

 

Buenos Aires de sonrisas amplias, ventanas grandes, con muchos idiomas. La diversidad hay que buscarla y provocarla para llevar los límites de un país más allá de sus fronteras.

Las calles se antojan para conquistarlas, para enamorarse o tomar café y sol. A mí se me vienen nombres a la cabeza, palabras, tiempos. Apareces tú. Y ustedes. Y tú también. Viajo sola porque me gusta. Y porque allá es punto de reunión con amistades de la vida. Y porque lo disfruto.

 

Cambiar de país y regresar hace más evidentes las diferencias de arriba hasta abajo. No me sienta bien la comparación, mi país está bastante lejos y es imparcial. El cambio de monedas me desquicia: de mexicanos a dólares, a chilenos, a argentinos y de regreso. Solo sé que la comida sube, que hay agradables sorpresas en las librerías, en las tiendas menos esperadas. Que el arte de cualquier compra está en la búsqueda.

Sé también, al final de este ciclo, que soy capaz de encontrar un trabajo, y sobre ello, gente interesante y amena. Que soporto una mudanza y me permito encariñarme fácilmente con algunas circunstancias. Que mi presencia, si puede, ayuda a otros, y si no, es solitaria sin complejos. Que el tiempo es insuficiente, pero hay que disfrutarlo.

Que cambiar de casa en cinco meses, es señal de un ciclo que lleva a otro. La nueva está igual de pequeña y compartida, pero distinta por la gente que le damos vida. Seis universos: dos argentinos y esta mexicana dan el sazón, pero sólo ella, el toque femenino.

En  tres horas abrimos otro círculo de tiempo e historias. Veamos qué trae este segundo semestre del 2008. La única certeza si acaso, es que nunca terminará de cerrarse una espiral. Y como en caída libre, nos toca vencer nuestras propias resistencias.

Esperada e inesperadamente mi vida se llenó de algunas demandas que nos consumen las escasas 24 horas de cada día…como sea, he intentado mantenerme cerca de los lugares  queridos: Polonia, Uruguay, Estados Unidos, Colombia, Cuba y claro, rincones de México que me llaman hasta en sueños. Enterada por las personas que con cariño me acercan y escéptica de lo que dice la prensa, que en ello ningún filtro ha sido eficaz aún.

El corazón, los pulmones, los labios, y toda yo irradia vida cuando les recuerdo, y más, cuando leo o comparto algo con ustedes. Es una sensación extraña, el recuerdo y la madurez de golpe en el mismo cuerpo. A veces me ausento por temor a una respuesta breve y rápida, que no diga nada, pero jamás por indiferencia.

Pero nos daremos un tiempo. Y un día escribiremos juntos un libro. O muchos. Es una cita.

Pido sus voces. ¿Es posible?, una palabra.  Del presente, del futuro, porqué no?, del pasado.

Con brazos abiertos, todavía fríos pero cálidos: yo espero.

 

IFG

 
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One Response to “De los días que se cuentan por muchos…”

  1. The pink panther Dijo:

    Bien!!! Me gusta leerte, pero ahora en particular te sentí más nostálgica que alegre… por qué??? Deseo que estés bien, que con los cambios, las reestructuras y los movimientos te hagas más “vieja”, más sabia, pero sigas igual de cerca que ahora… Sé que casi no tienes tiempo para leernos, por eso escribo poco, pero con mucho, mucho cariño. Uff!!! y mucho calor también… Un beso.
    R.


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